Puede resultar chocante el título de este artículo. Para muchas personas los lunes representan el peor día de la semana: la reincorporación al puesto de trabajo, a la rutina cotidiana, a dejar atrás esos días de descanso en los cuales nos gustaría estar continuamente…Pero claro, trabajar es necesario para poder cobrar un salario que nos permita vivir a no ser que nos toque la lotería (a los que jueguen) seguimos cada lunes lamentándonos de nuestra situación.

¿Es esto cierto? ¿Pensamos así? Según la VI Encuesta Adecco. La Felicidad en el trabajo, preguntados los encuestados sobre su índice de felicidad laboral, en una escala de 1 a 10, la media obtenida fue de 6,3. No es un resultado excelente pero tampoco es malo. Esto significa que cuando hacemos una valoración global de nuestro trabajo, en ese balance que realizamos en pocos segundos para responder a la pregunta, debemos de encontrar algo que no nos hace dar un suspenso al mismo. En la misma encuesta de Adecco los aspectos mejor valorados por los encuestados para obtener esa felicidad (en el trabajo) en una puntuación de 0 a 10  son: un buen ambiente de trabajo, (8,38), conciliar trabajo y vida personal (8,24) y un buen salario (8,22). Creo que la mayoría de nosotros aceptamos esa valoración como propia, pero en la misma encuesta se recoge que 6 de cada 10 trabajadores renunciarían a tener mejor salario a cambio de gozar de mayor felicidad en el trabajo. Por lo que parece el dinero no lo es todo y trabajar “a gusto” es mucho más importante para nosotros que cobra más salario, o al menos lo piensa así una mayoría (60%).

Entonces, ¿Qué hace que en muchas ocasiones desarrollemos nuestra actividad laboral con malas sensaciones, que los lunes se conviertan en el primer día de una cuenta atrás hacia el siguiente fin de semana? Son muchos los factores que influyen en el desarrollo de nuestro bienestar laboral y, sin olvidar todos aquellos de carácter organizacional o que se escapan a nuestro control, quiero centrarme en este artículo en aquellos factores que dependen principalmente de nosotros, sobre los que tenemos el control y que pueden hacer que nuestro nivel de satisfacción laboral aumente.

Alguien puede estar leyendo esto y pensar: “Porque tú no tienes el trabajo que tengo yo, que si no seguro que no tendrías ganas de ir a trabajar cada lunes”. Soy consciente de la diversidad que hay implícita en la palabra trabajo y que existen muchos trabajos duros, unos más autorrealizantes que otros, otros muy monótonos, otros muy creativos…Podría seguir añadiendo calificativos al trabajo y no acabaría, pero hay algo en nuestra mano que puede moldear la situación y hacerla, si cabe, mejor.

Volviendo a la encuesta Adecco, en ella aparece como aspecto más valorado el tener un buen ambiente de trabajo, lo que normalmente llamamos en psicología organizacional clima laboral. Un aspecto que influye en el clima laboral son las relaciones interpersonales. Cómo nos llevemos con nuestros compañeros puede hacer que nuestro trabajo sea llevadero, divertido, retador o un infierno. He conocido a personas que han querido abandonar su trabajo por la mala relación y el mal ambiente que se respiraba en la organización. Y aunque una parte importante de esta situación debe ser corregida por los responsables de la gestión de personas, hay otra  que depende de cada uno de nosotros y es la actitud con la que diariamente acudimos a nuestro puesto de trabajo. Valorar nuestro trabajo es también valorarnos a nosotros mismos y ello  repercute directamente en nuestro nivel de autoestima. El mal humor, la frustración personal por estar donde no queremos estar, por la razón que sea, no va a mejorar nuestro ambiente laboral y ello nos conducirá a una espiral negativa que nos hará más duro levantarnos cada lunes para dirigirnos a nuestro puesto de trabajo

 

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida” (Confucio).

 

Quizá nuestro trabajo no sea aquel con el que soñábamos en realizar y en muchas ocasiones podemos pensar: “A mi este trabajo me da igual, yo estoy aquí de paso” y mientras tanto pasas días y días con actitud pasiva, como si no fuera contigo el lugar donde trabajas, despersonalizando cada vez más tu entorno y sintiéndote cada vez más frustrado porque no alcanzas la meta que te habías propuesto. Si alguna vez dejas esa empresa, ¿No sería mejor que tus compañeros tuvieran un buen recuerdo de ti, que te valoraran? Seguro que si estás trabajando conoces a personas de las que tendrás un buen recuerdo, que al margen de su ocupación son personas que hacen el entorno laboral más amable, agradable y profesional. Puede que tampoco pensaran que ese trabajo era para ellos, pero su actitud ante el mismo hace que acudir cada día a la empresa sea más agradable menos frustrante y quizá, algún día descubramos que era el trabajo que queríamos hacer.

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